La cárcel, lxs buenxs y los malos

La cárcel, lxs buenxs y los malos

Territorio Dominado por el Estado Colombiano
Unión Libertaria Estudiantil y del Trabajo ULET-AIT
2025

Entre vítores y elogios a la señora justicia transcurrió la velada del 28 de Julio del 2025 en barrios, parques y hogares de la región Colombiana. Luego de un proceso judicial ordinario que duró más de 13 años, una jueza declaró culpable al ex-presidente −pero seguramente nunca presidiario- Álvaro Uribe Vélez por los delitos de: Fraude procesal y soborno en actuación penal. Los 12 años de prisión −domiciliaria− que exigió la jueza del caso parecieran, al menos en principio, suponer un aliciente para las miles de víctimas de éste esperpento neoliberal y proto-fascista. Sin embargo, claro está que eso no es justo. No es suficiente. Pero entonces ¿qué sería justo para con las víctimas? ¿qué sería suficiente con respecto a semejante asesino? Como organización anarquista, no creemos en el estado y sus instituciones −jueces y leyes incluidas− y en consecuencia, aparte de celebrar con entusiasmo que se derrumbe poco a poco el relato del gran colombiano, nos sumamos al clamor de muchas víctimas por alcanzar una justicia real en éste caso y aprovechamos, además para formular algunas preguntas desde el anarquismo para todxs aquellxs que hoy alaban la magistral puesta en escena de la señora justicia.

La historia, la crónica periodística y las miles de consciencias que habitamos éste territorio le señalamos con todas las justificaciones del caso, como un personaje nefasto que no solamente agudizó las ya en sí mismas precarias condiciones de lxs estudiantes, campesinxs, negrxs, marikas, indígenas, trabajadorxs y demás seres sintientes de esta región, sino que además emprendió una guerra frontal y visceral contra la insurgencia y lxs jóvenes en Colombia. Uno de los escándalos que envuelve a esta persona es nada más y nada menos que el asesinato y desaparición de más de 6402 personas −6402 es una cifra moderada. Desafortunadamente podrían ser más personas− a manos de militares por órdenes de Uribe Vélez durante su mandato presidencial con la intención de hacerles pasar por bajas en combate de la insurgencia. 6402 personas con sueños, amores y afectos que éste desgraciado nos arrebató. 6402 almas que le atormentarán en sueños por toda su vida y si hay una vida después de esta, será también atormentado allí. Por otro lado y para variar, Uribe Vélez fue parte crucial de la conformación de grupos paramilitares que silenciaron miles de vidas a lo largo y ancho del país.

En consideración de lo anterior, nos brotan del pecho una serie de preguntas. Algunas obvias, algunas espinosas. Tales como: ¿Por qué a las instituciones les tomó cerca de 13 años decir −pero no por ello hacer− algo con respecto a éste caso? ¿Cuándo habrá justicia para esas 6042 personas? ¿Cuándo habrá justicia para las miles de víctimas del paramilitarismo?. Después de todo el poderosísimo y magno estado de derecho ha demostrado su efectividad para criminalizar, perseguir y encarcelar personas que roban −liberan− comida, medicinas y demás cosas necesarias para vivir. Aún peor: esa justicia que hoy aquellxs con memoria de corto plazo alaban y elogian, fue la misma justicia que en tiempo récord criminalizó, juzgó y secuestró a cientos de jóvenes que materializaron su digna rabia y descontentoncontra el capitalismo, el estado y el patriarcado durante el estallido social del 2021. ¿Deberíamos elogiar tal justicia? ¿Deberíamos confiar en tal justicia?.

Aunque sea difícil de formular, nos preguntamos lo siguiente: ¿Debe un persona como Uribe ir a prisión? ¿Debe una persona ir a prisión? ¿el que esta persona pase 12 años en prisión −en el mejor de los casos− repara a las víctimas de sus fechorías?. Por un lado, ¿no es acaso la cárcel −y por consiguiente todo el aparato legal que hay detrás de estas− una herramienta para perseguir y secuestrar impunemente? El día de hoy celebramos porque POSIBLEMENTE manden a prisión (domiciliaria) a Uribe, pero el día de mañana lloramos porque meten a nuestrxs compañerxs a esos inhumanos lugares.

Esto no debe ser entendido de ninguna manera como una defensa de Uribe “El matarife” Vélez, sino como una necesaria pregunta sobre la justicia. ¿El que le metan a la cárcel repara a las víctimas? ¿El que le metan a la cárcel hace que liberen a lxs presxs políticxs del estallido?. En el mejor de los casos Uribe acabará en una celda −su pequeña “finquita” de cientos de hectáreas− con “buenas condiciones” mientras miles se pudren en medio del hacinamiento y el hambre dentro de las cientos de cárceles del país. Consideramos necesario exacerbar la búsqueda colectiva de otros tipos de justicia, del índole que sea y que tengan en su centro la reparación del daño hecho y el ajusticiamiento popular de éste tipo de personajes. Además esa persona −Uribe− es solamente una parte más dentro de un engranaje de muerte más grande. Engranaje que permanecerá intacto aún cuando este monstruo sea condenado. El problema con reducir el problema a “Uribe” es que se minimizan violencias de índole estructural y se ocultan las causas “grandes” de tanta muerte en esta tierra. En tanto no se destruya por completo dicha maquinaria de explotación, marginación y desplazamiento no hay garantía alguna de no repetición.

Para finalizar, deseamos insistir una vez más en que todo lo expuesto acá no es de ninguna manera una limpieza de tan indigno personaje como lo es Álvaro Uribe Vélez. Ni mucho menos una minimización del daño que hizo. Pretendemos pues insinuar que esa “justicia” que nos ofrece la institución no atiende a la urgente búsqueda de reparación hacia las víctimas. Pretendemos inducir también a cuestionar si esa justicia que hoy muchxs alaban es digna de tal cosa, pues esa “justicia” que hoy nos dan son en realidad migajas con las que no podemos conformarnos. Es frecuente escuchar el impotente sonsonete que resopla tímidamente entre organizaciones políticas y sociales para estas fechas “Bueno, algo es algo. ¿No?” ó “Al menos ahora la justicia está funcionando.”.
Hay que apartar de nuestros espacios esos suspiros de conformismo insulso y aprovechar la situación para empujar más fuerte hacia la búsqueda y la construcción de una justicia real. Y si no nos dan justicia, la haremos nosotrxs mismxs.

Por nuestrxs muertxs, ni un minuto de silencio. Toda una vida de lucha.

Verdad y reparación para las víctimas del Gran Colombiano.

Que caigan todos ¡y que no quede ni uno solo!
¡Libertad a lxs presxs por luchar!


Source: ULET Colombie

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