Territorrio usurpado por el estado Colombiano
2025
“[…] la polarización política ha escalado a niveles que comprometen la estabilidad democrática […]”.
“[…] Hay que defender la democracia con valentía […]”.
“[…] Estados Unidos condena todas las formas de violencia política”.
“[…] es una amenaza directa a la democracia y al respeto por la diferencia”.
“Pese a este contexto de dolor y conmoción, el Gobierno nacional ha insistido en sacar adelante, de manera ilegítima, una consulta popular que profundiza el clima de confrontación y erosiona el orden democrático[…]”.
Esas fueron solo algunas cuantas declaraciones emitidas por senadores, fiscales y expresidentes en reacción al atentado perpetrado en contra del anti-derechos que es Miguel Uribe Turbay. El iniciar las presentes reflexiones con citas de esas honorables personas de “izquierda” y “derecha” no es arbitrario sino que responde al interés que motivó la escritura de estas líneas: Develar la mentira que vocifera la inmunda sarta de ladrones, habladores y tiranos que son los políticos. Por lo tanto nos permitimos aclarar -antes de que salgan de la alcantarilla la pandilla de imbéciles amaestrados que pretenderán hacer ver éste texto como una apología al atentado- que la intención no es persuadir acerca del asesinato político como algo bueno o malo en sí mismo, sino mostrar el tufo hipócrita y miserable que desprende el discursito de la estabilidad, la paz, la democracia y la polarización que estos honorables repiten hasta el cansancio.
Una bala disfrazada de paloma
Si analizamos a nivel discursivo lo dicho por infinidad de HPs (Honorables personas) durante la “oleada” de reacciones al atentado, saltará a la vista la asociación que establecen estas personas entre cosas como “democracia”, “paz”, “estabilidad”, “estado de derecho”y “civilización” por un lado y que por otro lado se enuncian como opuestas a la asociación -igualmente construida por estas gentes- entre “violencia”, “caos”, “barbarie” y “polarización”. Es mediante esta operación discursiva -magnificada y replicada por las grandes cadenas televisivas, radiales e inclusonperiódicos supuestamente “críticos”- que se ubica a la democracia en el pedestal sagrado del deber ser en términos de organización política puesto que ¿quién querría en su sano juicio la violencia? ¿qué clase de salvaje encontraría algo bueno en la polarización? Y más aún: Como la democracia es paz y estabilidad, todo lo contrario a estas dos últimas es necesariamente anti-democrático.
El problema es que en nombre de esa democracia que defienden todos quienes habitan la cloaca del poder, el decadente imperio de los Estados Unidos de Norteamérica ha invadido y masacrado decenas de pueblos. En nombre de la paz y la estabilidad el estado sionista de Israel mata de hambre y bombazos a niñxs inocentes1 . En nombre de la civilización el hombre blanco despojó a los pueblos originarios de sus tierras, su lengua y miles de sus vidas. Basta remitirnos a las más de 6402 víctimas que dejó la infame política de la “seguridad democrática” impuesta por la ultra- derecha colombiana para preguntarnos: ¿Cómo es entonces que la democracia es algo pacífico, estable y civilizado? Porque muchas y muchos de los hipócritas que patalean desde sus palacios por el genocidio que está teniendo lugar en Gaza, son también los más empedernidos defensores de la institucionalidad, la diplomacia y la paz, sin entender que es precisamente éste marco construido lo que está dando soporte al impune asesinato de mujeres y niños en Gaza. Es así porque cuando democráticamente se ha tramitado una resolución para un alto al fuego en el congreso de seguridad de las naciones unidas, institucional, democrática y diplomáticamente se ha vetado esa iniciativa. Es así porque el estado de derecho Israelí promueve un genocidio en nombre de la patria. Es así porque muy a pesar de que el carnicero de Netanyahu tiene una órden de captura emitida por la CPI no pasa nada.
La posguerra, el discurso del desarrollo y la infinidad de hijos de la modernidad europea erigieron castillos de papel en los que las leyes, los organismos “multi-laterales” y los estados asegurarían un porvenir bañado en las mieles de la libertad, la paz y la fraternidad. Hoy acudimos presurosos al desmoronamiento de esta ilusión. Las promesas de la modernidad fracasaron y más aún, hoy día y siempre han legitimado el despojo y la violencia. Democracia viene del griego δημοκρατία dēmokratía, dēmos, «pueblo» y kratos, «poder» y se nos vende como “el gobierno del pueblo” pero pareciera haber experimentado una extraña transmutación y derivado más bien en “gobernar al pueblo”.
Una paloma disfrazada de bala.
Revisemos pues los ejercicios políticos que tienen lugar al márgen de lo que los políticos y empresarios dicen que es la democracia, la civilización y la paz: Marchas, barricadas, ollas populares, ajusticiamiento de los gerentes de compañías aseguradoras de salud, bloqueos y un largo etcétera.
Muy a pesar de que estos últimos son ejercidos por “el pueblo”, los insensatos defensores de la “democracia y el orden” se empeñan constantemente en designar estos escenarios de acción política como prácticas anti-democráticas, violentas y caóticas. Esta segunda operación discursiva no es arbitraria ni fruto del desconocimiento sino que tiene lugar porque esa parranda de parásitos que son los políticos tienen muy claro que es precisamente en las calles y ejerciendo la efervescencia popular que sus privilegios de clase, género y raza pueden llegar a su fin. Paradójicamente, luego de una revisión del acontecer histórico es fácil afirmar que es precisamente gracias a estos ejercicios “violentos y caóticos” que se llegaron a consolidar los cimientos de una sociedad realmente democrática y libre. Y es por ello que allí, tras lo que se tacha como “violencia” y “polarización” se encuentran los verdaderos valores democráticos propiamente dichos en la medida en que solamente mediante estas vías ha sido posible hacer escuchar la voz “del pueblo”. Nunca nadie ha ganado su libertad apelando a la buena voluntad de sus opresores.
Habrá quienes se pregunten si hay que “recuperar” el término democracia y habrá quienes opinen que habrá que prescindir de éste concepto que nos han robado y construir otros nuevos. En todoncaso la invitación es a no creer las fábulas que nos cuentan: Ni los poderosos, ni lo que figura entre estas líneas. Hay que cuestionar ¿Cuál es el órden? ¿Qué órden? ¿A quién favorece ese órden? ¿Qué es la paz? ¿Paz para quién?.
Notas finales
Abundan en el mundo personas que encuentran en toda acción violenta algo necesariamente perverso; así como las hay quienes encuentran en toda acción violenta algo necesariamente deseable. Antes de que aparezcan estas eminencias, vale aclarar que el llamado acá no es a encontrar en la violencia algo necesariamente bueno, ni en la democracia algo necesariamente malo. Sino más bien a entender que violencia y democracia, polarización y debate van todas de la mano. Muchas veces es solamente mediante la violencia que se puede alcanzar la construcción de una sociedad democrática. Mientras que son también muchas las ocasiones en las que solamente mediante ejercicios genuinamente democráticos puede detenerse la violencia sin sentido. Además, el territorio dominado por el estado Colombiano ha sido y continúa siendo atravesado por una violencia visceral, desproporcionada e injustificada y el develar la farsa de la “democracia” no debe suponer por lo tanto una necesidad de perpetuar el extenuante ciclo de violencia sin-sentido que a todxs nos ha atravesado.
Unx fara




