Para lograr una verdadera autonomía, una audiencia genuina, ganar solidaridad activa y así convertirse en una fuerza capaz de oponerse a las estructuras autoritarias y de dominación, es necesario repensar radicalmente la forma en que nos organizamos y actuamos. Las estructuras formalistas, los puestos de secretaría y todas estas prácticas que imponen jerarquías de liderazgo y, por lo tanto, burocracia solo reproducen la división artificial de “dirigentes / dirigidos”. Congelan las iniciativas, crean dualidades autocentradas y nos desvían de la práctica revolucionaria y de la tradición libertaria.

Desde esta perspectiva, la secretaría debe ser abolida. Sus funciones no desaparecen, sino que se distribuyen colectivamente entre secciones y grupos según las necesidades y competencias de cada individuo. Esta redistribución horizontal de tareas evita la concentración del poder, fomenta la autonomía y mantiene la acción viva y efectiva.

La comunicación y coordinación siempre deben realizarse horizontalmente, de manera libre y voluntaria, entre grupos e individualidades, respetando las iniciativas locales. Cada miembro y cada sección/grupo amigo o simpatizante actúa según sus necesidades y elecciones, mientras permanece conectado a una red mundial de solidaridad y coordinación. Este método también resuelve problemas de dualidad de poder.

La historia de los movimientos anarquistas muestra que el formalismo sofoca la iniciativa y la creatividad militante. Los congresos tradicionales, sujetos a reglas de votación preestablecidas, convierten la participación en una formalidad y fomentan la desorganización. Para superar esto, los congresos deben transformarse en asambleas generales de red, más flexibles, abiertas y horizontales. Todos pueden hablar, compartir experiencias, intercambiar prácticas concretas y coordinar acciones globales.

Cada sección mantiene su autonomía en decisiones y prácticas. La estrategia consiste en federar las iniciativas locales en una red viva, flexible y adaptable. Las relaciones entre secciones ya sean miembros plenos o simpatizantes/amigas se basan en la confianza, cooperación, fraternidad, apoyo mutuo, intercambio y consenso. La coordinación se apoya en la experiencia y las necesidades, no en reglas rígidas o arbitrarias. Las decisiones surgen de necesidades reales y experiencias compartidas. Este funcionamiento mantiene la acción dinámica, fomenta la creatividad y permite que la solidaridad mundial se exprese concretamente apoyando luchas regionales y fortaleciendo el movimiento global.

Eliminar toda lógica formalista hasta el último residuo es esencial para construir un anarquismo vivo. Crear un espacio donde todos contribuyan según sus capacidades e ideas previene la idea de dualidad y reduce al mínimo el riesgo de divisiones internas o públicas debido a la rigidez y esterilidad política.

La red mundial tiene varios objetivos:

compartir estrategias, experiencias y prácticas; coordinar acciones comunes; crear solidaridad activa que apoye a cada sección en sus luchas locales.

Este enfoque protege contra el formalismo y la cooptación autocentrada. Su fuerza reside en la flexibilidad, adaptabilidad y la responsabilidad compartida de todos sus miembros. Cada sección y cada compañero es actor y garante de la coherencia, solidaridad y vitalidad del movimiento.

Las decisiones se toman por consenso siempre que sea posible. Cuando no lo sea, surgen de discusiones abiertas donde todos pueden expresarse y contribuir a la conciencia colectiva. Cada compañero puede expresar su opinión directa representando a su sección. Este modelo hace del anarquismo una práctica viva: conecta las luchas locales, federaliza y coordina acciones globales, construyendo un movimiento realmente liberador.

La red mundial transforma la lucha, fortalece la creatividad y responsabilidad de cada compañero, y permite construir un mundo donde libertad, igualdad y solidaridad no sean meros lemas, sino realidades vividas. Se crea una red flexible, fuerte y solidaria, donde la iniciativa y la responsabilidad hacen avanzar el movimiento y la causa anarquista, mientras se combate el formalismo excesivo, paralizante y parasitario. Así se construye un modo de funcionamiento verdaderamente democrático y anarquista, capaz de servir como referencia popular mundial y estimular la revolución que tanto necesitamos

Laisser un commentaire