Lucía Sánchez Saornil

Antecedentes.
Desde nuestra más tierna infancia, sufríamos al ver los rostros, prematuramente envejecidos, de las mujeres de nuestro pueblo. La rebelión naciente, pero profundamente justificada, nos empujaba a buscar la causa de esas profundas arrugas que marcaban las frentes y, con frecuencia, también las mejillas.

Ya separábamos a las mujeres en clases sociales; no obstante, descubríamos, salvo en raras excepciones, una condición común a todas: la ignorancia y la esclavitud.

La ignorancia se cubría en las clases privilegiadas con un barniz de conocimientos superfluos. Se disfrazaba la esclavitud con una sonrisa de condescendencia o una reverencia galante. A veces, esa esclavitud nos parecía más triste, pues no atacaba directamente la carne, sino que asfixiaba el espíritu con falsas alabanzas. Así fue como nos pusimos a soñar con la emancipación femenina.

Conocimos diversas organizaciones nacidas alrededor de este sueño. Unas pretendían establecer una competencia absurda respecto a la atribución de capacidades intelectuales o físicas entre ambos sexos. Otras, aferradas al sentido tradicional de la feminidad, sostenían que la emancipación femenina residía en reforzar ese sentido tradicional, centrando toda la vida y todos los derechos de la mujer en la maternidad, elevando esta función “animal” a niveles de sublimación incomprensibles.

Ninguna nos satisfizo. La más avanzada apuntaba al derecho político, siguiendo deliberadamente el camino equivocado que bien merece llamarse masculino. Siguiendo esos senderos trillados, pretendían encerrar a la mujer en las mismas casillas que habían aprisionado a los hombres durante siglos. Al predicar su emancipación, no encontraban otro camino que el de la esclavitud con concepciones idénticas a las que habían labrado, durante siglos, el surco de la esclavitud masculina y, por ende, de la esclavitud de la humanidad entera.

Decidimos abrir nuevas vías conformes al derecho inherente a todo individuo. Romper con todos los tradicionalismos, exaltar los valores propios de la mujer, cultivar lo que, en el espíritu y el temperamento, la diferencia del otro sexo, extraer de ella esa individualidad tan particular destinada a ser el complemento necesario para la edificación del mundo futuro.

Éramos un número reducido de compañeras.
Militantes en el campo anarquista, pretendíamos llevar sobre nuestros hombros esta gigantesca empresa, pero no teníamos la audacia de querer llevarla hasta el final. Este inicio nos parecía ya un paso de gigante en la vía de realizaciones que otros podrían tomar en sus manos, otros más fuertes o más competentes que nosotras. Comprendimos que para desarrollar nuestros planes, lo más urgente era tener un órgano de propaganda que sistematizara, en la medida de lo posible, la difusión de nuestras ideas.

En mayo de 1936, nació la revista Mujeres Libres. La elección de estas dos palabras no fue casual. Queríamos dar al término « mujeres » un contenido tantas veces negado. Al asociarlo con el adjetivo « libres », nos definíamos como absolutamente independientes de cualquier secta o grupo político, buscando reivindicar un concepto – mujer libre – que hasta entonces estaba cargado de interpretaciones equívocas que rebajaban la condición de la mujer al mismo tiempo que prostituían el concepto de libertad, como si ambos términos fueran incompatibles.

Nuestras intenciones se vieron coronadas por el mejor éxito. La revista despertó interés en el mundo femenino y nuestras ideas fueron acogidas como la única esperanza de salvación para miles de mujeres.

Cómo nació Mujeres Libres. Sus características.
Comenzamos a prever el segundo tramo de nuestro proyecto. Una compañera del grupo se encargó de una gira de conferencias que se desarrollaron en varios ateneos libertarios, y cuando anunciábamos la creación de grupos culturales que debían ser la base de la acción futura, estalló el levantamiento militar que sumió a España en una lucha sin cuartel.

Se podría haber pensado que este evento arruinaría todos nuestros planes, cuando, al contrario —aunque por caminos distintos—, dio un impulso más fuerte a nuestra acción y más favorable a nuestra propaganda.

Era inaudito: la guerra lanzaba a las mujeres a la calle. Las condiciones únicas, sin precedentes, en las que se desarrolló el movimiento, arrancaban a los hombres del hogar, impidiéndoles retenerlas en juegos de sentimentalismo ya superados. El colapso de todos los resortes del Estado, de todos los subterfugios de la autoridad, dejaba a las mujeres entregadas a sus propias fuerzas y a la resolución de sus propias vidas.

Un individuo, en esos días, era como un corcho flotando sobre las olas de un mar social embravecido, expuesto a ser tragado en cualquier momento por la tormenta. Se formaban apresuradamente agregados humanos y colectividades. La salvaguarda del interés individual dependía de la salvaguarda del interés colectivo. Las mujeres no dudaron un instante en seguir este camino: lo que la conciencia no hacía, lo hacía la intuición. El problema social llegaba a ellas a través del problema individual, cara a cara, en plena calle, con los muros de contención del antiguo hogar finalmente rotos.

Instantáneamente, dos virtudes innatas en la mujer, que ignoraba bajo su forma social, se desarrollaron: la solidaridad y la emulación. Pronto comenzamos a extraer de estas nuevas condiciones todos los beneficios que favorecían nuestro objetivo. De acuerdo con ellas, iniciamos un nuevo plan de acción. Este debía aportar al mismo tiempo ayuda al antifascismo y a la causa de la emancipación femenina, parte integral de la Revolución.

Así nació Mujeres Libres.

Su característica más interesante es la de las Secciones de Trabajo. En un mes, alcanzamos la cifra de tres mil afiliadas. Pero digamos en qué consisten estas secciones.

Agrupamos a las mujeres según tres criterios: sus conocimientos, sus aptitudes o su vocación, siendo el primer criterio a menudo ausente. Forman secciones relacionadas con actividades sociales vinculadas a la guerra o más necesarias para el desarrollo normal de la vida en la retaguardia, tales como: Transportes, Salud, Metalurgia, Comercio y Oficinas, Vestimenta, Servicios Públicos y la Brigada Móvil.

Los nombres de cada sección indican claramente la actividad que abrazan. Solo la Brigada Móvil está formada por compañeras que no pudieron expresar sus preferencias para una tarea y se agruparon bajo esa denominación, dispuestas a responder a las necesidades de cualquier actividad no prevista por nuestras secciones.

Creamos estos grupos con la aprobación directa de la CNT, en quien encontramos, en la Federación Local de Madrid, un apoyo firme y eficaz. Estos grupos tienen un carácter preparatorio y se forman profesionalmente, a la espera de que llegue la hora —¡ojalá nunca llegue!— en que la guerra, llamando al frente los brazos masculinos, haga necesario su concurso en los lugares de trabajo.

Para formar parte de nuestras secciones, hay que ser voluntaria y solidaria con la causa antifascista. No ocultaremos que, al principio, tuvimos que defendernos penosamente de las interpretaciones distorsionadas que algunos daban a nuestro trabajo. Unos sostenían que queríamos crear un organismo sindical femenino para establecer reivindicaciones extravagantes, otros confundían nuestro Grupo con una simple Agencia de Empleo encargada exclusivamente de resolver problemas económicos de las mujeres.

Nada nos hizo dudar, nada nos desvió de nuestros objetivos. A veces tropezábamos con la resistencia pasiva de sectores como los Tranvías y el Metro. Poco importaba, insistíamos. Nada disminuirá nuestra determinación.

Actualmente, nuestro Grupo tiene su personalidad bien definida y cuenta con un respetable núcleo de compañeras que, alrededor de nuestro trabajo, han forjado una conciencia revolucionaria y actúan con un alto grado de responsabilidad.

En pleno trabajo.
Constituidas las Secciones, algunas comenzaron a recibir su instrucción profesional, otras pronto la recibirán. Entre las primeras destacan Transportes, y es una satisfacción constatar el interés y entusiasmo que el sindicato único de esta industria puso en apoyar nuestra idea. Dentro del sindicato, bajo la responsabilidad de los compañeros Esteban Ventura, José Garrido y Claudio Montilla, funciona una escuela teórica y práctica de automóviles. Cuarenta jóvenes reciben formación, y no sé qué admirar más: si la atención apasionada de las alumnas o el interés de los docentes. El Sindicato de Transportes mostró en esto una visión clara de la situación. La actividad revolucionaria de los sindicatos ofrece distintos aspectos, pero quizá se pueda citar entre los más eminentes esta actividad particular del sindicato de Transportes, cuya importancia algunos podrían negarle. En pocos días comenzarán también los cursos prácticos para las compañeras de la Sección Salud, apoyadas también por el sindicato de este sector.

Por gestiones directas del Grupo, un gran número de compañeras ya trabaja para la causa antifascista, unas en puestos remunerados, otras generosamente como voluntarias.

Es particularmente conmovedor constatar el abismo que las mujeres mismas han abierto entre su vida de ayer y la de hoy. Constatar con qué ardor se entregan a la causa común, qué deseos de superarse se encienden en ellas cada día. ¡Qué enérgicas protestas hemos oído ante decisiones de evacuación de mujeres!

Es normal, los organismos oficiales, acostumbrados a un funcionamiento mecánico, no pueden tener en cuenta las profundas transformaciones psicológicas que ocurren en los individuos. Aferrándose al viejo concepto de galantería proteccionista, deteniéndose en la tradicional debilidad femenina, pretenden alejar a la mujer de las zonas peligrosas cuando ella misma ha conquistado el honor de estar en primera línea. Y la mujer madrileña, que incluso ha sabido tomar su lugar en las trincheras, merece menos que ninguna otra esta humillación.

Que se proporcionen todo tipo de facilidades a quienes quieren alejarse de Madrid, pero no se obligue a aquellas que, con los mismos derechos que los hombres, quieren dedicar su vida al aplastamiento del fascismo y a la edificación revolucionaria.

Hemos excedido involuntariamente el objeto de este trabajo…

Daremos someramente algunas noticias de nuestro Grupo. A su cabeza hay un comité responsable de tres compañeras que se ocupan de la administración y de asuntos de consejo, cultura y propaganda. Bajo su control funcionan subcomités con competencias exclusivas en: trabajo, solidaridad a favor de Mujeres Libres y apoyo moral al frente. Sobre estos dos últimos subcomités, el primero habla por sí mismo:

Nuestro grupo no tiene aporte financiero regular. No puede pedir contribución monetaria a las compañeras que ofrecen sus brazos generosamente, cuando a veces ni siquiera pueden cubrir su subsistencia. La comisión de Solidaridad se encarga de negociar con sindicatos, ateneos y otros, donaciones o subvenciones para permitir el desarrollo de nuestro Grupo. La Comisión de Apoyo Moral, recién creada, intenta obtener mediante los mismos medios artículos que alivien los sufrimientos de nuestros combatientes y que se propone recoger mediante las acciones adecuadas, y distribuir personalmente en los frentes.

Estas son las principales características de nuestro Grupo.

Proyectos de mayor envergadura, como los grupos culturales y los liberatorios de la prostitución, de los que no hablaremos aquí para no alargar el artículo, quedaron relegados debido a la guerra. Esperamos que las circunstancias nos permitan desarrollarlos pronto.

No queremos terminar sin subrayar una vez más la generosa ayuda que encontramos en todos los miembros de la CNT.


Source: MujeresLibres

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