Durante toda la tarde y parte de la noche, la música fluyó de forma continua y natural. Hubo jazz, rock, rap… y, sobre todo, un eco común: nuestras voces no están solas, no quedan en la intimidad o la individualidad, aquí pudieron resonar libres, acompañadas por miradas y manos cómplices, ávidas de seguir escuchando, compartiendo…
La Jam Libertaria fue, una vez más, ese espacio de encuentro que tantas ansiamos: disfrute, denuncia, desahogo. Un lugar donde nos reconocimos en el arte de otras personas, donde sentimos que nuestra expresión tiene hueco, y donde compartimos personas afines sin filtros ni jerarquías.
Más de veinte personas participaron, llenando de vida y energía la terracita y el local de la CNTAIT. Nunca llegamos a todo, pero priorizamos lo esencial: la acogida, la música y el arte como herramientas para la libertad y la defensa contra la opresión.
En un contexto convulso y caótico que estamos viviendo, espacios como este nos recuerdan que el anarquismo también se construye desde los afectos y la cultura, estos encuentros son imprescindibles. Lugares donde tejemos lazos y vínculos, donde creamos en conjunto y compartimos, de manera horizontal y desde la base, donde cualquiera puede ser parte. Espacios en los que la creación se abre camino y podemos respirar sin las ataduras de lo impuesto, ni de círculos formales académicos, entornos elitistas o institucionales; escenarios que nos separan, jerarquizan y excluyen las propuestas críticas.
Un espacio colaborativo, construido entre todas y todos, que esperamos siga creciendo y sirviendo de punto de encuentro recurrente para quien lo necesite. Esta Jam enciende la chispa que nos recuerda que la libertad se canta, se pinta, se escribe y se comparte.
¡Viva la anarquía!


